En los años 60, el
conocido como Estudio de los Siete Países evidenció cómo la alimentación
afectaba a la salud cardiovascular. Con este estudio se demostró la relación
directa entre una alimentación rica en grasas saturadas y colesterol y un mayor
riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares.
La sorpresa saltó cuando
uno de esos siete países, Francia, no cumplía con la norma.
¿ Por qué la
alimentación francesa, abundante en
grasas saturadas ( foie, queso, mantequilla…) no producía un incremento
de las enfermedades cardiovasculares?
Una posible respuesta
fue el consumo de vino. Los 56 litros de vino anuales que bebe de media cada
francés podrían ejercer un efecto beneficioso sobre estas enfermedades
cardiovasculares.
Y es que consumo
moderado de vino (máximo dos copas de
vino al día) parece disminuir la prevalencia de estas enfermedades.
Los posibles beneficios
de este consumo moderado serían un efecto arterioesclerótico aumentando el colesterol
unido a las lipoproteínas de alta densidad (HDL) [es decir el colesterol bueno]
y disminuyendo el unido a las de baja densidad (LDL) o 'colesterol malo' como
popularmente se conoce.
También podría reducir la
agregación plaquetaria, retrasando la coagulación sanguínea y la formación de
trombos.
Otro posible efecto
beneficioso lo producirían los flavonoides del vino. Potentes antioxidantes
contenidos en el vino tinto sobre todo.
No obstante todos estos
supuestos, son al menos, controvertidos ya que la "paradoja
francesa", está basada en estudios epidemiológicos provistos per se
de muchas limitaciones que hacen que la relación asociativa entre consumo de
vino y enfermedad cardiovascular sea débil.
Son muchos los factores
que se deben de tener en cuenta como son los hábitos de vida: ejercicio,
consumo de frutas y verduras, stress, tabaquismo…
En resumen: bebe vino
moderadamente dentro una dieta sana y equilibrada para disminuir el riesgo de
padecer enfermedades cardiovasculares en el futuro.




